En busca de respuestas, nuestro cliente quería saber cómo había podido fallecer su esposa seis días después de lo que parecía haber sido un parto vaginal rutinario de su primer hijo. Durante el embarazo, desarrolló preeclampsia, una complicación gestacional bastante frecuente que provoca hipertensión arterial y puede derivar en daños renales o hepáticos. También desarrolló diabetes gestacional, otra afección bastante común durante el embarazo. Aunque se la consideraba un embarazo de alto riesgo, logró llevar la gestación a término y tener un parto vaginal rutinario. Dos días después del parto, le dieron el alta y se fue a casa, donde empezó a tener problemas respiratorios y a desarrollar tos. Preocupado, su marido la llevó de vuelta al hospital. Cuatro días después falleció y él acudió a Jacoby and Meyers para averiguar si su muerte se podía haber evitado. Junto con el abogado adjunto, demandamos al hospital y al médico responsable del tratamiento porque, tras revisar todos los historiales médicos, nuestros expertos nos indicaron que, con la atención médica adecuada, ella nunca debería haber fallecido. Justo antes del juicio, el caso se resolvió con un acuerdo de 3 000 000 $. El caso fue llevado en colaboración con el abogado adjunto Andrew Finkelstein.
